Nuestra partida de Marsella fue al lado de Guillaume quien nos
acompañó hasta la costa para indicarnos el camino para dejar esta hermosa
ciudad, eso sí, antes de salir nos mostró un museo que cuenta con una
arquitectura muy interesante y contemporánea y además con una colección de arte
étnico y del mundo. Después de un corto recorrido de Marsella en bicicleta, nos
despedimos de Guillaume con la advertencia de una subida un poco fuerte para
continuar con nuestro camino.
Salir de Marsella nos tomó más tiempo de lo esperado (¿les
hemos dicho que somos un poco lentas?) y tomar la vía apropiada nos costó
esfuerzo. A la hora de salir de Marsella encontramos una corta ciclo ruta que
se encontraba en el costado izquierdo de la vía y al terminarse tuvimos que
retornar al cotidiano carril derecho.
| En el camino nos encontramos con un cementerio de soldados caídos |
Tan pronto retomamos nuestra vía, vimos sentado en el andén
un rostro familiar, y la vida nos sorprendió al darnos cuenta de que el rostro
era de ¡Pablo el peregrino!
Con una gran sonrisa de sorpresa nos saludamos y decidimos
compartir un almuerzo con él. Sin dudarlo un minuto sacamos nuestros
implementos de cocina y nos sentamos a preparar unos espaguetis con champiñones
compartiendo pequeños secretos para cocinar, él nos enseñó a hacer una buena
estufa sin gastar nuestro gas y nosotras le enseñamos a hacer fuego sin
fósforos, pero tras unos minutos de
estar sentados empecé a sentirme mal y después de almorzar estaba con unos
cólicos bastante incómodos y a pesar de tomarme un té caliente no cesaron, la
mejor solución a mi parecer era mantenerme en movimiento por lo que nos
despedimos de Pablo y continuamos nuestra ruta.
No tuvimos que adelantarnos más que unos pocos metros para
otro encuentro: la temida subida que nos había mencionado Guillaume. Si bien la
cuesta era medianamente pesada,
| La vista desde arriba de la montaña |
con mi dolor la cuesta se veía así:
En ese momento decidimos parar y esperar un poco más, Laura M me prestó su
aislante y me recosté para respirar y relajarme un poco. Cuando estaba
concentrada en otras cosas sentí una caricia en mi cabeza y al abrir los ojos
vi a Pablo consintiéndome con una ternura infinita.
Creo que una de las cosas más desagradables que pueden pasar
mientras se viaja es enfermarse y la mejor medicina son los cuidados y la
compañía de alguien. En ese minuto me sentí muy afortunada por contar con Laura
y Pablo quienes con un poco de humor y paciencia me esperaron y después de unos
minutos de sueño pude continuar el camino pero al estilo del Peregrino,
caminando.
Así fue que lentamente, muy lentamente fuimos subiendo y
luego de un largo descenso bajamos a la siguiente ciudad donde encontramos un
mercado artesanal y luego de unos minutos de hablar con uno de los vendedores,
decidimos montar nuestro negocio de mochilas y manillas colombianas acompañadas
del sonido del ukulele de Pablo.
Sin una sola venta al final del día, decidimos ir a comer y
dormir, en esta ocasión, dado que contábamos con la ayuda de un experto,
encontramos un rincón muy agradable en la playa al lado de un restaurante donde
pudimos extender nuestros aislantes y dormimos viendo las estrellas acompañadas
del sonido del ukulele y las olas del mar mediterráneo.
Este fue nuestro primer día de camino a Niza.
Para continuar con nuestra travesía, al día siguiente Pablo
insistió en invitarnos un desayuno pues habíamos compartido con él nuestra
comida y quería tener un gesto de reciprocidad con nosotras. A pesar de nuestra
resistencia inicial de recibirle comida, decidimos aceptar su invitación
parcialmente y tras un delicioso desayuno y caminar a su lado, nos despedimos
(largamente) de Pablo con la certeza de que en algún lugar del mundo nos
volveremos a ver.



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