sábado, 16 de agosto de 2014

¿Por qué amamos Marsella?

Después de la aventura que significó llegar a Marsella, con pinchada, montaña e indicaciones erradas incluídas, estabamos literalmente hechas un "desastre", deseando solo una cama y un largo descanso, pero el universo conspiró a nuestro favor y encontramos mucho más que eso, encontramos a Guillaume.

Nuestra segunda experiencia con warmshowers, fue simplemente inmejorable, empezando por el hecho de que Guillaume aceptó nuestra solicitud, pese a haberla enviado con un nombre errado, siguiendo con el hecho de que ha hospedado tantos cicloviajeros en su casa que sabe exactamente lo que necesitas y tiene todo preparado para ti: clave de wifi, tour por su sofisticado apartamento, tus propias llaves para entrar y salir sin problema, una cómoda cama con toldillo y lo mejor: una deliciosa cena vegana con lentejas, garbanzos, berenjenas y tófu incluídos!! Fue así como un día caótico se convirtió en una hermosa velada con la mejor comida, muy buena compañía y en un lugar acogedor.

El día siguiente estaba destinado solo para descanso y para conocer un poco (o tal vez muy poquito porque no se puede ver màs en un día) de Marseille, y gracias a nuestro anfitrión tuvimos todas las facilidades para que fuera un muy buen día, pese a un pequeño daño que hicimos en su cocina y que él nuevamente pasó completamente por alto mostrando su desapego por lo material. 

En la mañana, Guillaume nos llevó a la fuente de los ingredientes de sus exquistas recetas, aquel que se convertiría en nuestro lugar favorito en Marsella: el mercado. Este no era cualquier mercado, era un mercado mágico que te transporta a Africa, Asia y América, capaz de traer a Europa los sabores del mundo y de poner en una cena en Marsella arepas colombianas, patacones y platanos con queso. Hay que agragarle el hecho de que no habíamos estado en un mercado "popular" desde que llegamos a Francia, así que fue interesante sentir de nuevo el ambiente de plaza, ver la variedad, los colores, los olores, el ruido después de tanta calma. La alegría que sentí en este lugar me permitió darme cuenta de que al escoger un lugar para vivir tendrá bastante peso el poder acceder a una gran variedad de alimentos, fundamental para un estilo de vida saludable y para traer a tu casa sabores de tantos lugares. Marsella nos dio esa privilegiada oportunidad.




Después de almorzar con una novedosa torta asiática rellena de espinacas, llegó el momento que habíamos estado esperando desde los primeros días de viaje, aquel que nos había sido tan esquivo -los que han leído nuestro blog seguramente saben de que hablo-: el momento de tener contacto con el agua en un caluroso verano europeo. Fuimos lo más rápido posible antes de que lloviera. De esa manera nuestro día de descanso fue completo :-D



En la noche cocinamos para nuestro anfitrión, gracias al mercado en verdad fue una cena colombiana. Hicimos patacones con hogao, platanos con queso y arepas con una harina que Guillaume había comprado en el mercado por curiosidad y que no había utilizado porque no sabía cómo prepararla. Nos quedamos con ganas de mostrarle cómo hacer un jugo por falta de licuadora.

Al momento de partir y para cerrar con broche de oro, Guillaume nos acompañó hasta la ruta que debiamos seguir para ir a Niza, nuestro siguiente destino. Esa fue nuestra visita a Guillaume, continuamos renovadas e inspiradas por este interesante hombre, su sencillez, su dedicación a la alimentaciòn, su generosidad, el abrir su apartamento de par en par. Antes de partir nos dijo que lo hacía porque era inspirador ver tanta gente haciendo las cosas diferentes, y es cierto, partimos inspiradas después de conocer a Guillaume.




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