Para continuar nuestro camino, tomamos la vía a Marsella, la
que en un principio cuenta con una serie de ciclo rutas y pequeños caminos* que
nos conectaron con un parque Natural. Finalmente tomamos la ruta que va sobre
el mar y nos lleva a la ciudad-puerto que nos enamoró.
Uno de nuestros miedos al salir de Montpellier era el fuerte viento que en aquellos días estaba azotando a la bahía Hérault. Antes de iniciar este viaje, leí un par de veces comentarios de cicloturistas en contra del viento y no comprendía el mal en ello ya que durante un fuerte verano no puede hacer más que refrescarte. Pues en realidad el viento no es bueno a menos que haga mucho calor o que vaya a tu favor, lo cual es poco usual. En este caso, para nuestro camino, tuvimos que enfrentar un viento bastante fuerte en nuestra contra, el cual nos hizo pedalear con el doble de esfuerzo para avanzar a una velocidad menor de la promedio (aunque cabe admitir que no somos particularmente rápidas). El camino fue especialmente difícil cuando atravesamos el Etang du Medard, pero después de un duro pedaleo llegamos a Aigues Mortes.
Uno de nuestros miedos al salir de Montpellier era el fuerte viento que en aquellos días estaba azotando a la bahía Hérault. Antes de iniciar este viaje, leí un par de veces comentarios de cicloturistas en contra del viento y no comprendía el mal en ello ya que durante un fuerte verano no puede hacer más que refrescarte. Pues en realidad el viento no es bueno a menos que haga mucho calor o que vaya a tu favor, lo cual es poco usual. En este caso, para nuestro camino, tuvimos que enfrentar un viento bastante fuerte en nuestra contra, el cual nos hizo pedalear con el doble de esfuerzo para avanzar a una velocidad menor de la promedio (aunque cabe admitir que no somos particularmente rápidas). El camino fue especialmente difícil cuando atravesamos el Etang du Medard, pero después de un duro pedaleo llegamos a Aigues Mortes.
Esta hermosa ciudad, cuenta con una fortaleza medieval
típica francesa, en la cual se puede disfrutar una hermosa velada de música en
vivo, comida y dulces típicos. Eso sí, nosotras únicamente disfrutamos la
primera opción dadas las limitaciones del presupuesto. Sin embargo, con el
simple hecho de poder caminar por las callecitas puedes sentir la magia del
lugar e imaginarte la vida de sus habitantes hace varios siglos.
Al día siguiente, entramos al Parque Nacional Natural de la
Camargue, que cuenta con una serie de caminos aptos para bicicletas y hermosos
paisajes, eso fue lo que nos dijeron, y si bien, la segunda parte fue verdadera
como lo pueden ver en las fotos, la primera no lo fue tanto, pues este día no
tuvimos viento en nuestra contra pero tuvimos que esforzarnos numerosas veces
para superar los caminos cubiertos de arena que nos llevarían a encontrar el
faro y salir del parque. Sin embargo, cada vez que debíamos detenernos para cruzar
montañas arenosas, nubes de zancudos nos atacaban salvajemente lo cual nos pareció curioso pues cuando nos encontrábamos con otras personas no parecían tan perturbadas como nosotras por los mosquitos. Nuestras teorías de la razón de esto nos llevaron a hecharle la culpa hasta al banano. Esta situación
fue especialmente desagradable para mí, porque resulté ser alérgica a esta
clase particular de mosquitos vampirescos pero la única opción que tuve fue respirar profundo (la primera
solución a todo problema que pueda presentarse) y continuar con la idea lejana
de que en algún momento terminaría, La buena noticia es que la naturaleza del cuerpo es maravillosa y
luego de un buen número de picaduras, se ha ido adaptando y la alergia se ha
ido moderando.
| Pequeño ferry que tomamos para atravezar una parte del parque |
| Huyendo de la lluvia |
Tras conseguir salir del parque y huir de los mosquitos por
un tiempo, empezamos a buscar un lugar para dormir y al no encontrar nada a
nuestro alrededor, recurrimos a un hotel campestre que, estando en medio de la
nada, fue nuestra única opción. La alegría comenzó cuando al entrar, nos
recibió el dueño acompañado de un grupo de personas que estaban en nuestra
misma situación y a quienes, al igual que a nosotras, les dejaron armar la
carpa gratuitamente en un jardín. La dicha fue inmensa, sobretodo cuando descubrimos que todos estaban igualmente perturbados por los mosquitos y que no era culpa de los bananos.
El grupo de la noche estaba conformado por una pareja de
ciclo viajeros, él inglés y ella sudafricana, ellos estaban recorriendo Francia
en dirección a Inglaterra y nos dieron concejos sobre Italia, pues él ya había
estado viajando en bicicleta allí y conocía ciertas rutas para tomar; la otra
persona que completó el grupo fue un peregrino polaco que, luego de caminar 16
meses desde su país hasta Portugal cruzando el Camino de Santiago de Compostela, decidió seguir caminando, en esta ocasión hasta Israel. El
nombre de este peregrino es Pablo y es una persona llena de amor, compasión,
buenísima energía y humor, él nos enseñó los acordes básicos de Somewhere over the rainbow
en el ukulele que está aprendiendo a tocar y nos enterneció al contarnos que su
propósito tras finalizar su viaje es ir tras el amor de su vida, una mujer que
se encuentra en Australia y por quien caminaría el mundo entero si fuese
necesario para hallarla.
Con el sonido del Ukulele y tras largos días de pedaleo con
viento, mosquitos, ciclopaseos, bellos paisajes y personas; nos dormimos esa
noche con una sonrisa en el rostro, listas para continuar con nuestro viaje que
aún traería emociones e historias para disfrutar nuestra conquista de
Marsella.
*Existe una ruta que se toma desde el sur oriente de Montpellier, que conecta a Lattes y Palavas-Les-Flots pasando por el canal du Rhône, para finalmente llevarte al mar Mediterráneo.
Laurita, buenas fotos y buena descripción ¡¡¡Qué aventura!!!
ResponderEliminarUn abrazo inmenso