lunes, 21 de julio de 2014

Sobre Bèziers, Karin y una ducha tibia



Tras salir del Canal do Midi y adelantar kilómetros atrasados,  llegamos a Bèziers. Esta hermosa ciudad tiene encanto para nosotras, primero porque tuvimos tiempo de dar una vuelta y conocerla, segundo porque conocimos a Karin y tercero porque nos enamoramos de Warmshowers.

La hermosa Bèziers





Bèziers es una ciudad de contrastes, hay quienes piensan que sus habitantes son muy tristes, pero a mi modo de ver, una ciudad donde la gente cuelgue sus ropas al "estilo napolitano", debe tener personalidad y más si se encuentra en la región de la occitana francesa. Aquí hay bastante para ver, la catedral de St Nazaire, el teatro romano, la parte más bella del Canal do Midi, sus hermosos jardines, el puente viejo, entre muchos otros sitios. La cuestión es que en realidad no alcanzamos a verlo todo, en parte porque nos encontramos con unos españoles que conocimos en Carcassonne quienes no podían creer que hubiésemos llegado tan pronto (estamos convencidas de que tenían muy poca fé en nosotras), y en parte porque conocimos a Karin.
La historia de Karin comienza  en una placita cerca de una iglesia. Después de un largo recorrido hasta Bèziers y subir al centro de la ciudad que se encuentra en una colina, nos sentamos a contar centavos en una sombrita con el único objetivo de saber cuánto dinero teníamos y soñar con un helado. En ese momento pasó Karin, una alemana, ingeniera agropecuaria que está cumpliendo su sueño de viajar por Francia en bicicleta. Ella no pudo evitar preguntar por nuestra historia y se divirtió mucho al saber para dónde vamos y qué hacíamos contando centavos, así que nos abrió las puertas de Bèziers con la información turística que conocía, y nos dio 6 euros en monedas para helados ¡toda una fortuna!
Asombradas por su beneficencia, le agradecimos hasta más no poder y continuamos nuestra conversación con ella, le hablamos de nuestras hazañas, de cómo ha sido nuestro viaje hasta ahora y ella nos contó también un poco sobre su vida, finalmente nos tomamos una foto con ella y al intercambiar contactos y despedirnos, nos dio un billete de 20 euros de forma intempestiva y salió corriendo a una iglesia para rezar.
Con Karin

Dado que no pudimos negarnos a recibir esta fortuna, fuimos a una panadería cercana y nos compramos pequeñas delicias de 1 euro para cada una, pues no teníamos el corazón de gastarnos todo en helados, así que probamos un pan tradicional de la región y un helado que compartimos en mitades.
Tras disfrutar unos minutos las golosinas de Karin, nos encaminamos a nuestra casa ofrecida por una miembro de Warmshowers, la comunidad de viajeros en bicicleta donde además de intercambiar experiencias, fotos y rutas, se puede ofrecer un techo para dormir, guardar las bicicletas, lavar ropa y el paraíso de todo cicloventurero: una ducha tibia luego de un día acalorado de pedaleo.
Para nuestra primera experiencia en Warmshowers tuvimos la fortuna de conocer a Sandrine, ella, al igual que nosotras es amante de los viajes en bicicletas y entiende lo importante que es tener techo, ducha, una buena cama, un lugar seguro para guardar las bicicletas y para completar: una abundante y deliciosa cena con platos tradicionales que te llene de energías para seguir el camino. Sandrine nos ofreció todo esto y acompañada de su hija, estuvo muy atenta de escuchar nuestra historia, contarnos sus experiencias de viaje por Minorca en bicicleta y ayudarnos a buscar una ruta segura para llegar a Marcella.
Después de recibir hospitalidad semejante, aceptamos que tan pronto lleguemos a Bogotá, nuestra misión será ofrecer un cálido hogar a ciclistas de esta comunidad que deseen conocer la bella capital y disfrutar una deliciosa cena colombiana tras largos días de pedaleos en  los Andes, esto porque estamos convencidas de que dar es tan hermoso y satisfactorio como recibir y vemos en las sonrisas de quienes nos apoyan, un gesto convencido de amor y felicidad al saber que con un pequeño esfuerzo están contribuyendo a hacer nuestro sueño realidad. Sin embargo, como no podemos compartir nuestros hogares aún, por el momento nos dedicaremos a seguir conociendo formas de compartir y abrirnos a nuevas mentalidades de gente hermosa que se ha arriesgado a pensar diferente y es feliz haciéndolo.
Casa de Sandrine (desafortunadamente no tenemos foto con ella)

2 comentarios:

  1. El gran ejemplo de la sensibilidad, la cultura y la solidaridad. Muy bello.

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  2. Hermosa historia! sobre todo porque pareciesen niñas con el gran tesoro que las lleva a lo que todos queremos de niños: comer helado! y ya!
    hermosas fotos, mis Lauris!!! <3

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