Tras salir del Canal do Midi y adelantar kilómetros
atrasados, llegamos a Bèziers. Esta
hermosa ciudad tiene encanto para nosotras, primero porque tuvimos tiempo de
dar una vuelta y conocerla, segundo porque
conocimos a Karin y tercero porque nos enamoramos de Warmshowers.
| La hermosa Bèziers |
La historia de Karin comienza en una placita cerca de una iglesia. Después
de un largo recorrido hasta Bèziers y subir al centro de la ciudad que se
encuentra en una colina, nos sentamos a contar centavos en una sombrita con el
único objetivo de saber cuánto dinero teníamos y soñar con un helado. En ese
momento pasó Karin, una alemana, ingeniera agropecuaria que está cumpliendo su
sueño de viajar por Francia en bicicleta. Ella no pudo evitar preguntar por
nuestra historia y se divirtió mucho al saber para dónde vamos y qué hacíamos
contando centavos, así que nos abrió las puertas de Bèziers con la información
turística que conocía, y nos dio 6 euros en monedas para helados ¡toda una
fortuna!
Asombradas por su beneficencia, le agradecimos hasta más no
poder y continuamos nuestra conversación con ella, le hablamos de nuestras
hazañas, de cómo ha sido nuestro viaje hasta ahora y ella nos contó también un
poco sobre su vida, finalmente nos tomamos una foto con ella y al intercambiar
contactos y despedirnos, nos dio un billete de 20 euros de forma intempestiva y
salió corriendo a una iglesia para rezar.
| Con Karin |
Dado que no pudimos negarnos a recibir esta fortuna, fuimos a una panadería cercana y nos compramos pequeñas delicias de 1 euro para cada una, pues no teníamos el corazón de gastarnos todo en helados, así que probamos un pan tradicional de la región y un helado que compartimos en mitades.
Tras disfrutar unos minutos las golosinas de Karin, nos
encaminamos a nuestra casa ofrecida por una miembro de Warmshowers, la
comunidad de viajeros en bicicleta donde además de intercambiar experiencias,
fotos y rutas, se puede ofrecer un techo para dormir, guardar las bicicletas,
lavar ropa y el paraíso de todo cicloventurero: una ducha tibia luego de un día
acalorado de pedaleo.
Para nuestra primera experiencia en Warmshowers tuvimos la
fortuna de conocer a Sandrine, ella, al igual que nosotras es amante de los
viajes en bicicletas y entiende lo importante que es tener techo, ducha, una
buena cama, un lugar seguro para guardar las bicicletas y para completar: una
abundante y deliciosa cena con platos tradicionales que te llene de energías para seguir el camino.
Sandrine nos ofreció todo esto y acompañada de su hija, estuvo muy atenta de
escuchar nuestra historia, contarnos sus experiencias de viaje por Minorca en
bicicleta y ayudarnos a buscar una ruta segura para llegar a Marcella.
Después de recibir hospitalidad semejante, aceptamos que tan
pronto lleguemos a Bogotá, nuestra misión será ofrecer un cálido hogar a
ciclistas de esta comunidad que deseen conocer la bella capital y disfrutar una
deliciosa cena colombiana tras largos días de pedaleos en los Andes, esto porque estamos convencidas de
que dar es tan hermoso y satisfactorio como recibir y vemos en las sonrisas de
quienes nos apoyan, un gesto convencido de amor y felicidad al saber que con un
pequeño esfuerzo están contribuyendo a hacer nuestro sueño realidad. Sin
embargo, como no podemos compartir nuestros hogares aún, por el momento nos
dedicaremos a seguir conociendo formas de compartir y abrirnos a nuevas
mentalidades de gente hermosa que se ha arriesgado a pensar diferente y es feliz
haciéndolo.
| Casa de Sandrine (desafortunadamente no tenemos foto con ella) |

El gran ejemplo de la sensibilidad, la cultura y la solidaridad. Muy bello.
ResponderEliminarHermosa historia! sobre todo porque pareciesen niñas con el gran tesoro que las lleva a lo que todos queremos de niños: comer helado! y ya!
ResponderEliminarhermosas fotos, mis Lauris!!! <3