Para la preparación de nuestro viaje tuvimos la fortuna de
contar con un coach oficial y un equipo de soporte de primera clase (léase Tom
y su familia: Los Morgan).
Tom, como ya se ha podido describir en otra entrada, es un
inglés que tiene bastante experiencia en viajes en bicicleta y además de
ayudarnos a adquirir nuestras bellezas italianas al mejor precio, se tomó el
tiempo para facilitarnos una sesión de entrenamiento en colina, bajo el sol de
la tarde y con todo el equipaje. Lo cual nos hizo entender lo lejos que está
Turquía, pero que nos dejó con la felicidad de comer cuanta delicia nos
encontremos en el camino
Y de ver una que otra rareza:
| Lo que pasa cuando un perro conduce... |
Después del día de entrenamiento, emprendimos nuestro primer
día de viaje al lado del coach. Él nos respondió cuanta pregunta se nos pasara
por la cabeza y nos dio una sesión muy completa sobre cocina y campamento
salvaje (o sea, en medio de la nada) y como ñapa, dormimos sin carpa. Admitimos
que fue una noche hermosa por el cielo estrellado pero de mal sueño por
los mosquitos y el frío. Aun así, aprendimos de todo esto y con una gran sonrisa y
temor sobre nuestro futuro nos despedimos de nuestro maravilloso coach. El
mejor posible.
Tras un emotivo abrazo emprendimos camino. En realidad ese
día no avanzamos muchos kilómetros pero pudimos probar que solas sí podemos.
Eso sí, ante el menor sonido de la bici parábamos, si nos daba hambre,
parábamos ¿cansancio? ¿preguntas? Cualquier excusa fue buena para
procrastinar. Más adelante aprendimos a superar poco a poco esto y ser más
ágiles.
Gracias a un leve sonido en la bici de Laura M, paramos en un
pueblo cerca de Lavardac y por fortuna nos encontramos con Miguel, su madre y
su tía. Fueron ellos quienes nos escucharon pacientemente y nos dijeron dónde
podíamos intentar buscar un lugar para dormir. Tras llegar a Lavardac tomamos
fotos turísticas y comenzamos a preguntarnos qué sería de nosotras esa noche.
| Turismo en Lavardac |
Teníamos
los conocimientos de Tom para acampar en lo salvaje, pero no el coraje para
hacerlo solas. Fue así que por arte de magia apareció Miguel en su carro
diciendo que su padre, Jorge, es español y que nos ofrecía un lugar para dormir
y comer. Contra cualquier sentido de protección colombiana, aceptamos la oferta
conmovidas y sin dudarlo.
En teoría íbamos a acampar afuera y es lo que cualquier
persona medianamente desconfiada hubiera hecho al tener la propuesta de dos
hombres mayores de 35 para quedarse en su casa. Sin embargo, la empatía fue
inmediata y la confianza mutua. No es una decisión fácil dejar que alguien
entre a tu casa. Ninguno de ellos estuvo obligado a ayudarnos, como nadie nunca
lo ha estado y aun así nos abrieron las puertas de su casa y de su corazón.
Ellos nos trataron como a sus hijas, literalmente. Nos prepararon una deliciosa
cena, nos ayudaron con la planeación de
la ruta y estuvieron muy pendientes de que tuviéramos un sitio para dormir al
otro día. Porque eso sí, no hemos conocido a personas más preocupadas por
nuestra seguridad como Jorge. Si se lo hubiéramos pedido, él mismo nos hubiera
llevado a cualquier lado y si hubiésemos ido a Barcelona, hubiera alertado a
toda la policía nacional para que nada nos pasara. Esta es la hora en que aún
nos mantenemos en contacto para que sepa que estamos bien y que no hay nada de
qué preocuparse.
| Con Jorge y Miguel |
Al día siguiente, tras un delicioso desayuno, salimos a
continuar nuestro viaje con destino a Toulouse, ese día pedaleamos todo lo
posible bajo un sol demandante, pasamos por muchos pueblitos pequeños y nos
sorprendimos con el paisaje habitual: calles desiertas, casas con ventanas
cerradas y ningún negocio abierto. Todo parecía una película del viejo oeste.
Tras terminar nuestra agua, paramos un instante frente a una casa donde una mujer nos conmovió profundamente al ofrecernos agua y su historia. Su hijo, es un joven de 20 años y viajero. Ha estado en muchos lugares (Australia, China, Bolivia, etc.) y en ese momento estaba en Brasil por el mundial. Lo hermoso de la historia es que sus correos y fotos están impresos y se le puede ver en algún lugar del mundo pegado en la nevera o en el comedor. Tras desearnos lo mejor y darnos agua con syrope y dulces para el camino, nos despedimos de la bella madre y retomamos nuestro camino para luego de algunas horas buscar dónde dormir.
Tras terminar nuestra agua, paramos un instante frente a una casa donde una mujer nos conmovió profundamente al ofrecernos agua y su historia. Su hijo, es un joven de 20 años y viajero. Ha estado en muchos lugares (Australia, China, Bolivia, etc.) y en ese momento estaba en Brasil por el mundial. Lo hermoso de la historia es que sus correos y fotos están impresos y se le puede ver en algún lugar del mundo pegado en la nevera o en el comedor. Tras desearnos lo mejor y darnos agua con syrope y dulces para el camino, nos despedimos de la bella madre y retomamos nuestro camino para luego de algunas horas buscar dónde dormir.
Esa fue noche contamos con la suerte de encontrar a dos
mujeres llegando a su casa que nos permitieron acampar en su terreno. Allí nos
sentamos felices luego de montar nuestra carpa solas por primera vez y cantamos
Thank you viendo unos globos despegar a lo lejos con
un bello atardecer.
“Thank you
frailty
Thank you consequence
Thank you, thank you silence”
Thank you consequence
Thank you, thank you silence”
Magníficos comentarios que nos profundizan sus aventuras, sus experiencias , sus motivaciones y sus conocimientos (de nuevo: de lo humano y del paisaje). Estamos orgullosos y deseamos éxitos permanentes. Un abrazo.
ResponderEliminar