Como resultaba obvio, nuestro viaje por Italia no podía estar completo sin visitar
una de sus construcciones más emblemáticas y visitadas, la torre inclinada de Pisa. Fue por
esta razón que decidimos despedirnos del único pedacito de mar gratuito que
encontramos en Italia (cuyos pocos metros cuadrados se encontraban totalmente
sobrepoblados en comparación con las inhabitadas playas privadas aledañas).
| Disfrutando un poquito de mar |
| Lago Puccini, camino a Pisa |
Ubicada en la región Toscana, la torre de Pisa cuenta con
casi 850 años de sostenerse en una posición bastante incómoda, con 4 grados de
inclinación (en sus peores momentos 10 grados), se considera como una
curiosidad y maravilla de la ingeniería medieval. Para nosotras fue interesante
llegar a este ícono, pero nos resultó más divertido aún, ver cómo los miles de
turistas que llegan a diario se toman fotos con la torre y esta experiencia nos
dejó pensando en una de las formas en que se hace turismo hoy en día, casi
vacuo e industrial, represantado por camisetas con nombres locales, fabricadas a miles de
kilómetros de distancia. Gracias a un día como este nos sentimos orgullosas de
tener la oportunidad de ver ciudades masivamente turísticas desde una
perspectiva diferente.
Luego de dar una vuelta por la Plaza de los Milagros,
decidimos buscar un lugar para almorzar, pues estábamos soñando con una trattoria. Según nos dijeron, estos
restaurantes son los equivalentes a los corrientazos colombianos, donde se
consiguen almuerzos más caseros, más cotidianos y económicos que habitantes
locales pueden pagar. En esta búsqueda nos encontramos con dos ciclistas turcos
de los cuales teníamos conocimiento gracias (nuevamente) a WarmShowers.
Estos dos ciclistas, estaban viajando de París a Turquía ¡en
menos de la mitad del tiempo que nosotras habíamos destinado para todo nuestro
viaje! Habían atravesado los Alpes desde el lado francés al suizo y ahora se
encontraban en Italia comiendo con nosotras (cabe aclarar que tras
encontrarlos, desistimos de nuestra idea de trattoria y decidimos preparar un
almuerzo rápido en una placita de Pisa). Nos llamó mucho la atención su estilo
de viaje y la percepción que tenían de los europeos hasta el momento. Ellos no
hablaban mucho inglés y sabían muy poco de las palabras básicas para
comunicarse en francés o en italiano, lo cual limitó mucho su interacción con
los habitantes de cada sitio que visitaban y los dejó con una impresión
negativa de sus habitantes, en especial de los italianos.
| Italianos locos |
| Vista de Pisa |
Es pertinente en este momento mencionar que existen muchas
formas de viajar de acuerdo a cada destino y a cada viajero, y esta no es una
excepción para las cicloventuras. Hay personas que viajan lo más livianas
posible, hasta el punto de no tener una carpa ni comida. Hay personas que
viajan con un mensaje, como por ejemplo Bicliclown un grupo de ciclistas que recorren el mundo para llevar sonrisas a cualquier rincón que lo necesite.
Hay mujeres que viajan solas, hay mujeres que viajan acompañadas, hay familias
que viajan con hijos, hay quienes viajan y potencian su creatividad inspirando
a miles. Hay deportistas competitivos que recorren miles de kilómetros en pocas
semanas y hay quienes exploran cada centímetro recorrido y se convierten en
etnógrafos autodidactas. Hay quienes viajan sin un centavo y hay quienes pagan
miles de dólares por la bicicleta más apta para hacer turismo. Creemos que todo
es posible, si se hace con el mayor respeto por el lugar que se conoce, sin
abusar de sus recursos, respetando la visión, palabra y normas de sus
pobladores, sin exotizar su cultura e intercambiando saberes y bienes de la
forma más justa posible.
Mientras nosotras buscábamos una ciclo-ruta segura, nuestros
nuevos amigos ciclistas planeaban tomar una vía principal para llegar pronto a
Florencia. Nosotras decidimos ir por el río, ellos decidieron seguir la
montaña. De esta manera continuamos nuestros respectivos caminos a Florencia.
Algo que amamos de viajar en bicicleta es la visión que nos
da sobre las realidades de cada lugar, estamos seguras de que muchos miles de
visitantes diarios que llegan a Pisa para tomarse la foto no llegaron a divisar, por ejemplo, la prostitución que se presenta en sus carreteras aledañas. Donde cotidiano es
el paisaje de mujeres sentadas en sillas de plástico en medio de la nada
esperando la llegada de un carro que las lleve a un bosque cercano. Para
algunos puede sonar decadente un comentario de estos en un blog de viajes, pero es una verdad que nos abrió los ojos a la
otra cara del turismo, sus costos en los lugares a los que llega desmedidamente.
| Campamento camino a Florencia |
Con tiempo para pensar sobre esta experiencia, nos alejamos
más del mar y tomamos la via Tosco-romagnola con ansias de conocer la ciudad de
Dante y pinocho.
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