lunes, 1 de junio de 2015

Pisa turísitica

Como resultaba obvio, nuestro viaje por Italia no podía estar completo sin visitar una de sus construcciones más emblemáticas y visitadas, la torre inclinada de Pisa. Fue por esta razón que decidimos despedirnos del único pedacito de mar gratuito que encontramos en Italia (cuyos pocos metros cuadrados se encontraban totalmente sobrepoblados en comparación con las inhabitadas playas privadas aledañas).

Disfrutando un poquito de mar


Lago Puccini, camino a Pisa


Ubicada en la región Toscana, la torre de Pisa cuenta con casi 850 años de sostenerse en una posición bastante incómoda, con 4 grados de inclinación (en sus peores momentos 10 grados), se considera como una curiosidad y maravilla de la ingeniería medieval. Para nosotras fue interesante llegar a este ícono, pero nos resultó más divertido aún, ver cómo los miles de turistas que llegan a diario se toman fotos con la torre y esta experiencia nos dejó pensando en una de las formas en que se hace turismo hoy en día, casi vacuo e industrial, represantado por camisetas con nombres locales, fabricadas a miles de kilómetros de distancia. Gracias a un día como este nos sentimos orgullosas de tener la oportunidad de ver ciudades masivamente turísticas desde una perspectiva diferente.






Luego de dar una vuelta por la Plaza de los Milagros, decidimos buscar un lugar para almorzar, pues estábamos soñando con una trattoria. Según nos dijeron, estos restaurantes son los equivalentes a los corrientazos colombianos, donde se consiguen almuerzos más caseros, más cotidianos y económicos que habitantes locales pueden pagar. En esta búsqueda nos encontramos con dos ciclistas turcos de los cuales teníamos conocimiento gracias (nuevamente) a WarmShowers.

Estos dos ciclistas, estaban viajando de París a Turquía ¡en menos de la mitad del tiempo que nosotras habíamos destinado para todo nuestro viaje! Habían atravesado los Alpes desde el lado francés al suizo y ahora se encontraban en Italia comiendo con nosotras (cabe aclarar que tras encontrarlos, desistimos de nuestra idea de trattoria y decidimos preparar un almuerzo rápido en una placita de Pisa). Nos llamó mucho la atención su estilo de viaje y la percepción que tenían de los europeos hasta el momento. Ellos no hablaban mucho inglés y sabían muy poco de las palabras básicas para comunicarse en francés o en italiano, lo cual limitó mucho su interacción con los habitantes de cada sitio que visitaban y los dejó con una impresión negativa de sus habitantes, en especial de los italianos.

Italianos locos

Vista de Pisa

Es pertinente en este momento mencionar que existen muchas formas de viajar de acuerdo a cada destino y a cada viajero, y esta no es una excepción para las cicloventuras. Hay personas que viajan lo más livianas posible, hasta el punto de no tener una carpa ni comida. Hay personas que viajan con un mensaje, como por ejemplo Bicliclown un grupo de ciclistas que recorren el mundo para llevar sonrisas a cualquier rincón que lo necesite. Hay mujeres que viajan solas, hay mujeres que viajan acompañadas, hay familias que viajan con hijos, hay quienes viajan y potencian su creatividad inspirando a miles. Hay deportistas competitivos que recorren miles de kilómetros en pocas semanas y hay quienes exploran cada centímetro recorrido y se convierten en etnógrafos autodidactas. Hay quienes viajan sin un centavo y hay quienes pagan miles de dólares por la bicicleta más apta para hacer turismo. Creemos que todo es posible, si se hace con el mayor respeto por el lugar que se conoce, sin abusar de sus recursos, respetando la visión, palabra y normas de sus pobladores, sin exotizar su cultura e intercambiando saberes y bienes de la forma más justa posible.

Mientras nosotras buscábamos una ciclo-ruta segura, nuestros nuevos amigos ciclistas planeaban tomar una vía principal para llegar pronto a Florencia. Nosotras decidimos ir por el río, ellos decidieron seguir la montaña. De esta manera continuamos nuestros respectivos caminos a Florencia.

Algo que amamos de viajar en bicicleta es la visión que nos da sobre las realidades de cada lugar, estamos seguras de que muchos miles de visitantes diarios que llegan a Pisa para tomarse la foto no llegaron a divisar, por ejemplo, la prostitución que se presenta en sus carreteras aledañas. Donde cotidiano es el paisaje de mujeres sentadas en sillas de plástico en medio de la nada esperando la llegada de un carro que las lleve a un bosque cercano. Para algunos puede sonar decadente un comentario de estos en un blog de viajes, pero es una verdad que nos abrió los ojos a la otra cara del turismo, sus costos en los lugares a los que llega desmedidamente.



Campamento camino a Florencia
Con tiempo para pensar sobre esta experiencia, nos alejamos más del mar y tomamos la via Tosco-romagnola con ansias de conocer la ciudad de Dante y pinocho. 



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