martes, 9 de junio de 2015

Días de lluvia en Florencia

Olores: Albahaca, lluvia, caramelo quemado, pino.
Sabores: Moras silvestres, pastel de manzana fresco envuelto en un fino, tibio y crocante hojaldre, leche con granola.
Sonidos: Discusiones a toda voz desde las casas, canto del viento atravesando los árboles, grillos, carros conducidos por italianos y motos, más de lo normal.
Paisaje: Ciclistas en las vías, pueblos típicos italianos de casas coloridas y ventanas abiertas, ancianos caminando por las calles hasta muy tarde, africanos inmigrantes.



Nuestro camino hacia Florencia fue muy tranquilo. Ya nos habíamos alejado de la costa y comenzábamos a adentrarnos hacia los amables pueblitos del centro de la Toscana italiana, onduloso paisaje que se puede disfrutar en famosas películas como La Vida es Bella y que es la tierra natal de Mussolini quien, según nos dijeron, planeó la adaptación del paisaje para convertirlo en una potencia en agroturismo.


No hay mala hora para un helado

Casa donde se escribió Pinocho

Esa señal de tránsito lo dice todo

P
Perfil de Dante frente a su casa

Al terminar el día, luego de pizza, lluvia, gelato y otra vez pizza; llegamos a Florencia. Allí nos encontramos con Jacopo quien nos dio un maravilloso tour nocturno y nos llevó a un típico restaurtante italiano para probar nuestros primeros spaguettis. Pudimos admirar la casa donde Carlo Collodi escribió Pinocho y pasamos por la casa de Dante Alighieri, uno de los responsables de que hoy en día se hable italiano (que originalmente era florentino y que se inmortalizó en su Divina Comedia).
    




Al día siguiente repetimos nuestro paseo por el centro de Florencia, pero bajo la cálida luz del sol de verano. Cruzamos el Ponte Vecchio, comimos en un pequeño lugar típico y barato en el que los florentinos comen su versión de sándwich, que en realidad es un pan casero con muchas opciones, entre aceitunas, deliciosos quesos y jamones (aunque nosotras pasamos del jamón). Luego admiramos la hermosa catedral y su cúpula, nos encontramos con procesiones de turistas y comimos gelato, dos cada una, en los sitios que nos recomendó Jacopo.




También nos dimos la vuelta por el Mercado Municipal



No podíamos irnos sin visitar la réplica de El David en lo alto de un cerro cercano. Así que luego de una pequeña siesta en un parque, nos dispusimos a subir, pero la siesta nos resultó muy cómoda así que lo aplazamos para el día siguiente.

Tras una cena colombiana, una noche de descanso y un típico desayuno italiano nos despedimos de nuestro anfitrión y nos dispusimos a visitar al famoso David, pero primero teníamos que hacer mercado para el camino que nos esperaba. Mientras Laura M compraba, yo cuidaba nuestras bicis y como es normal, la gente curiosa se acercaba a preguntarnos por nuestra historia, así conocí a un Angolés muy sorprendido por nuestra historia y a una señora italiana muy amable. Luego, pedaleamos bastante para subir la colina y tras una muy larga conversación con una pareja francesa que se emocionó bastante contándonos sobre su viaje en remolque; nos tomamos la foto con el David.




Pero el día no fue el más afortunado, pues llovió otra vez y en esta ocasión, fue torrencial, así que tuvimos que esperar un buen rato para salir de Florencia. Cuando finalmente pudimos empezar a pedalear ya era tarde, fue por esto que decidimos buscar campings a las afueras de Florencia (estábamos demasiado apenadas de regresar con Jacopo después de despedirnos). Los precios: imposibles, no teníamos más remedio que seguir escalando montañas. En la cumbre de una, mientras me detuve a tomar una foto, vi a lo lejos a Laura M hablando con una señora y para mi sorpresa era la misma con la que había hablado en el supermercado: Nohora, quien junto con su esposo Paolo nos invitaron a comer y a acampar en su casa típica casa toscana.

Foto antes de Nohora y Paolo

Típico paisaje toscano

Después de Nohora y Paolo

Sanas, sequitas y a salvo


Es así que nuevamente, cuando todo parecía ir mal, la vida nos mostró que no siempre la curiosidad mata al gato, sino que también salva a cicloventureras y las llena de historias para contar, siempre repitiendo nuestro mantra: todo va a estar bien.


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