Olores: Albahaca, lluvia,
caramelo quemado, pino.
Sabores: Moras
silvestres, pastel de manzana fresco envuelto en un fino, tibio y crocante
hojaldre, leche con granola.
Sonidos: Discusiones
a toda voz desde las casas, canto del viento atravesando los árboles, grillos,
carros conducidos por italianos y motos, más de lo normal.
Paisaje: Ciclistas
en las vías, pueblos típicos italianos de casas coloridas y ventanas abiertas,
ancianos caminando por las calles hasta muy tarde, africanos inmigrantes.
Nuestro camino hacia Florencia fue muy tranquilo. Ya nos
habíamos alejado de la costa y comenzábamos a adentrarnos hacia los amables
pueblitos del centro de la Toscana italiana, onduloso paisaje que se puede disfrutar
en famosas películas como La Vida es Bella y que es la tierra natal de
Mussolini quien, según nos dijeron, planeó la adaptación del paisaje para
convertirlo en una potencia en agroturismo.
| No hay mala hora para un helado |
| Casa donde se escribió Pinocho |
| Esa señal de tránsito lo dice todo |
| Perfil de Dante frente a su casa |
Al terminar el día, luego de pizza, lluvia, gelato y otra
vez pizza; llegamos a Florencia. Allí nos encontramos con Jacopo quien nos dio
un maravilloso tour nocturno y nos llevó a un típico restaurtante italiano para
probar nuestros primeros spaguettis. Pudimos admirar la casa donde Carlo Collodi
escribió Pinocho y pasamos por la casa de Dante Alighieri, uno de los
responsables de que hoy en día se hable italiano (que originalmente era
florentino y que se inmortalizó en su Divina Comedia).
Al día siguiente repetimos nuestro paseo por el centro de
Florencia, pero bajo la cálida luz del sol de verano. Cruzamos el Ponte Vecchio,
comimos en un pequeño lugar típico y barato en el que los florentinos comen su
versión de sándwich, que en realidad es un pan casero con muchas opciones,
entre aceitunas, deliciosos quesos y jamones (aunque nosotras pasamos del
jamón). Luego admiramos la hermosa catedral y su cúpula, nos encontramos con
procesiones de turistas y comimos gelato, dos cada una, en los sitios que nos
recomendó Jacopo.
| También nos dimos la vuelta por el Mercado Municipal |
No podíamos irnos sin visitar la réplica de El David en lo
alto de un cerro cercano. Así que luego de una pequeña siesta en un parque, nos
dispusimos a subir, pero la siesta nos resultó muy cómoda así que lo aplazamos
para el día siguiente.
Tras una cena colombiana, una noche de descanso y un
típico desayuno italiano nos despedimos de nuestro anfitrión y nos dispusimos a
visitar al famoso David, pero primero teníamos que hacer mercado para el camino
que nos esperaba. Mientras Laura M compraba, yo cuidaba nuestras bicis y como
es normal, la gente curiosa se acercaba a preguntarnos por nuestra historia, así
conocí a un Angolés muy sorprendido por nuestra historia y a una señora
italiana muy amable. Luego, pedaleamos bastante para subir la colina y tras una muy larga conversación con una pareja francesa que se emocionó bastante contándonos sobre su viaje en remolque; nos tomamos la foto con el David.
Pero el día no fue el más afortunado, pues llovió otra vez y
en esta ocasión, fue torrencial, así que tuvimos que esperar un buen rato para
salir de Florencia. Cuando finalmente pudimos empezar a pedalear ya era tarde, fue por esto que decidimos buscar campings a las afueras de Florencia (estábamos
demasiado apenadas de regresar con Jacopo después de despedirnos). Los precios:
imposibles, no teníamos más remedio que seguir escalando montañas. En
la cumbre de una, mientras me detuve a tomar una foto, vi a lo lejos a Laura M
hablando con una señora y para mi sorpresa era la misma con la que había
hablado en el supermercado: Nohora, quien junto con su esposo Paolo nos
invitaron a comer y a acampar en su casa típica casa toscana.
| Foto antes de Nohora y Paolo |
| Típico paisaje toscano |
| Después de Nohora y Paolo |
| Sanas, sequitas y a salvo |
Es así que nuevamente, cuando todo parecía ir mal, la vida
nos mostró que no siempre la curiosidad mata al gato, sino que también salva a
cicloventureras y las llena de historias para contar, siempre repitiendo nuestro mantra: todo va a estar bien.
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