Como en la vida, cuando las cosas van mal en un viaje lo mejor que se puede hacer es reponerse, enfrentar las complicaciones de la mejor manera y seguir adelante, en nuestro caso, seguir pedaleando.
Después de un medio día loco, decidimos sonreír a la vida y entrar con la mejor energía a Italia. Fue así como llenas de felicidad sentimos el olor de Italia, sí!!! había un olor especial, era como un concierto de olores que emanaba de todas esas cocinas llenas de tradición y amor por el arte culinario del cual aprenderíamos más en nuestro paso por Italia.
| Llegando a Ventimiglia |
Fue así como llenas de felicidad hicimos nuestro primer almuerzo en un parque de Ventimiglia, con comentarios y miradas de la gente. Inmediatamente se notaba el cambio, la gente parecía más abierta, más alegre, había música en la calle; comimos nuestro primer "gelato", que por supuesto sabía a a gloria!! Y finalmente utilicé y puse a prueba mi italiano en el mundo real :)
| Gelato!! |
Después de un día tan duro, decidimos que era justo pagar un camping, finalmente Italia era más económico que Francia - en teoría-, entonces valía la pena hacer el gasto y descansar un poco después de las ciclolocuras del día. Pero así como Italia nos había dado felicidad en nuestras primeras horas, también nos encontramos con que el camping era mucho más costoso que los que habíamos pagado hasta ese momento en Francia :O El espiritu guerrero que se había desarrollado en nosotras en más de un mes de viaje, no nos permitió dilapidar nuestro dinero de esa manera por más tentadora que pareciera una tarde de descanso. Además el camping ni siquiera tenía piscina, y los que han leído nuestro blog entenderían la importancia de este hecho por nuestros precedentes con piscinas en el viaje.
Así que decidimos retomar nuestro camino y buscar a nuestro estilo un lugar donde quedarnos esa noche. Salimos de Ventimiglia, rumbo a Ospedaletti, pero no muy lejos de allí, en Camporosso, encontramos otro camping que hizo renacer la esperanza de una tarde de descanso. El precio era el mismo, pero el señor muy amablemente nos hizo un descuento casi sin preguntar, así que decidimos quedarnos.
Es así como uno empieza a creer un poco más en el destino, pues si uno decide viajar en bici es porque quiere conocer más de cada lugar, tener más contacto con la gente, tal vez perderse para encontrarse y aprender, aprender muchísimo. Es algo que ahora veo mucho más claro. Siendo así, tenía mucho más sentido estar en este camping, pues en solo una noche tuvimos hermosas experiencias.
Primero conocimos a Giovanni, un italiano súper amigable, que pese a no poder hablar ni oír muy bien, nos invitó a conversar con él al lado de un café. Con ayuda de la tablet, las manos y la buena intención, pudimos hacerlo. Nos contó que tenía una pagina de películas para sordomudos y que tenía un familiar viviendo en Colombia. Más adelante nos invitó a compartir la cena e incluso nos regaló una lampara. Era todo un desafío hacernos entender y expresar nuestro agradecimiento por su amabilidad, pero gracias a las señas que resultaron ser un lenguaje más universal de lo que parecen, lo logramos.
Al día siguiente, Giovanni no apareció por ahí, sus compañeros de campamento, un grupo de Ucranianos, nos informaron que se había ido de viaje. Fue así como empezamos a hablar con ellxs, nos invitaron a desayunar, les contamos sobre nuestro viaje, sobre nuestro país, que para ellxs era muy desconocido y ellxs nos contaron que estaban allí refugiandose de la guerra, nos hablaron de su incertidumbre y de lo que era estar lejos de casa sin saber que pasaría después. No sabíamos que decir ante ese panorama desalentador, no salían palabras de aliento de nuestra boca, de hecho no salían palabras, pero siempre hay esperanza, así que él escribió en su celular, tal vez al ver nuestras caras perturbadas, "Everything is going to be fine", "Todo va a estar bien".
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| Amigos de Ucrania |
Dejamos el campamento habiendo aprendido que la comunicacion va más allá de las palabras, tal vez con más empatía, consternadas por su historia, preguntandonos sobre su destino, viendo lo insignificantes que eran nuestras preocupaciones y recordando lo gris que el mundo puede llegar a ser, pero con la firme esperanza de que de alguna manera "todo va a estar bien", lo que nos llenó de ganas y fuerza para pedalear.
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