jueves, 20 de noviembre de 2014

Generosidad infinita


Superada nuestra primera tormenta llegamos a Niza, allí nos recibieron Jenny, Ane y Yoanna, a quien había conocido años antes en Asunción cuando fuimos hospedadas por la misma host de couch surfing :-) Me hace feliz reencontrarme con personas que pensé que no volvería a ver :-)

Fuimos demasiado afortunadas por tener un lugar a donde llegar después de semejante tormenta. Además que hospedar a estas dos cicloviajeras no es fácil, pues algo que tal vez aún no les hemos mencionado es que es un poco difícil recibirnos con tantas maletas, cada una lleva dos al frente, tres atrás, una pequeñita (luego les contaremos qué es lo que cargamos y por qué) y nada más y nada menos que dos bicicletas, así que hagan cuentas e imaginen hospedarnos en un apartamento pequeño... ahora imaginen que ese apartamento es en un cuarto o quinto piso... ahora imaginen cómo queda todo este equipaje después de soportar una tormenta. Pues bien, así nos recibieron Yoanna y su familia en su hermoso apartamento, nos ayudaron a subir las bicis y todas las maletas, nos ayudaron a poner todo a secar y se encargaron de lavar nuestra ropa sucia. ¡¡Super bonitas!! Ese día había una reunión en el apartamento, pudimos compartir una agradable cena con lxs invitadxs y actualizarnos sobre las vueltas que nos había dado la vida desde que nos conocimos hace dos años, mientras probábamos deliciosa comida y postres franceses, ummm!!!


Además de hospedarnos, Yoanna cuadró su trabajo para tener la mañana libre y poder mostrarnos la ciudad. Caminamos con ellas por el boulevard principal de Niza que tiene unas playas super bonitas y amplias ciclorutas. Luego subimos a un mirador, ya acompañadas solo por Ane, la hermana de Yoanna, que pese a ser de España y vivir desde hace poco allí, fue una gran guía y logró mostrarnos lo mejor de Niza en nuestra corta estadía. Desde el mirador pudimos observar el mar de varios tonos de azúl y su arquitectura mediterranea, era una mezcla fascinante.




Recorrimos rápidamente el centro de la ciudad ya que desafortunadamente teníamos que seguir nuestro camino ese día. Fue una lastima no poder estar más tiempo, pero ya íbamos varios días atrasadas en nuestro "cronograma", que pese a no ser obligatorio si era necesario para poder ver todo lo que queríamos ver en tres meses.... visas :-(!! Sin embargo pudimos notar que Niza es una hermosa ciudad y seguimos super felices por seguir encontrando y reencontrarnos lindas personas en el camino. Muchas gracias, esperamos verlas de nuevo!!!!

Centro de Niza


Camino a Mònaco
A esas alturas del viaje, ya debíamos y realmente queríamos llegar a Italia, así que decidimos avanzar muy deprisa para poder cruzar la frontera ese mismo día. En el camino pasamos por Mónaco donde no nos detuvimos mucho tiempo ya que queriamos cruzar la frontera, así que solo pudimos notar lo exhuberante del lugar, los carros y yates lujosos, sus elegantes habitantes, un lugar donde seguramente no se presentan muchos problemas y reina la tranquilidad. Fue interesante salir de Francia, cruzar un nuevo país y volver a entrar a Francia en un mismo día. Ese tipo de cosas pueden pasar cuando viajas en bicicleta.

Perdidas en Mònaco





Dado que estábamos enfocadas en cruzar la frontera ese mismo día y llegar a Ventimiglia, Italia, no contemplamos en dónde dormiríamos esa noche, lo que parecía bastante preocupante teniendo en cuenta que estábamos rodeadas de casas lujosas, montañas y mar, que no había una pradera o camping para armar nuestra carpa y que no íbamos a encontrar un hotel que no fuera 5 estrellas, pues prácticamente aún estabamos en Mónaco, por suerte en aquellos días aún oscurecía como a las 10pm. Siendo así, nuestra única opción fue dormir en una estación de bus, bastante elegante como todo al rededor, y mejor aún, evidentemente en desuso porque, osea, ¡quién va a usar el bus en Mónaco!!

Karim
Ya acomodadas para dormir en la estación y cuando pensábamos que el día había acabado, apreció el conductor del carro parqueado en frente de la estación, Karim, un parisino que estaba trabajando por esos lados y que atraído por nuestras bicicletas y lo curioso de ver gente por allí en tan desolado lugar nos empezó a hablar. Pese a lo difícil de la comunicación le logramos explicar que íbamos a pasar la noche allí, ante lo cual no podía de la sorpresa. Estuvo con nosotras un buen rato tratando de buscar soluciones para que no durmiéramos allí hasta que finalmente estuvimos de acuerdo en que no había más alternativa y se conformó con llevarnos comida, pese a que ya habíamos comido, aceptamos al ver lo empecinado que estaba en ayudarnos.

Creemos que vació la nevera del lugar donde trabajaba, nos llevó frutas, queso, verduras, como tres paquetes de galletas y variados tipos de pan, además de unos finos platos, cubiertos y servilletas. No contento con lo anterior y ante su incapacidad de quedarse tranquilo sabiendo que pasaríamos la noche allí, nuestro ángel Karim, decidió acondicionar la estación para que pasáramos una cómoda noche -lo cual no cuadraba con nuestro plan de pasar desapercibidas, pero quien le dice que no a tan generoso hombre-, trajo colchones, cobijas y almohadas para nosotras y así pasamos la noche, cómodas y seguras, pues lo peor que puede pasar en Mónaco es que dos cicloviajeras pasen la noche en la estación de bus y se alíen con el conserje para convertirla en un cómodo refugio.


Lamentablemente, al día siguiente no nos pudimos despedir y tuvimos que seguir nuestro camino sin decir adiós a Karim, el protagonista de otra de nuestras hermosas cicloventuras llenas de generosidad infinita e inesperada que siguen cambiando nuestra forma de ver el mundo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario