Gracias a
una feliz casualidad, finalmente llegamos al “ecovillaggio”. Aún no podíamos
cantar victoria porque finalmente nunca se había confirmado que sí podríamos
quedarnos allí. El suspenso aumentó cuando llegamos al lugar después de una buena pedaleada por carreteras destapadas y parecía completamente
solo y después de algunos "Buon giorno" no obtuvimos ninguna respuesta. Decidimos hacer uno de nuestros improvisados pic nics al frente de la
puerta, confiando en que tal vez habían salido un momento y que pronto
llegarían. Al cabo de un rato empezamos a oír ladridos de perros y voces que
nos indicaron que efectivamente si había alguien, solo que habíamos llegado en plena siesta.
No nos
estaban esperando para nada, nuestra llegada fue toda una sorpresa, pero nos
recibieron muy bien y nos dijeron que nos podíamos quedar por el tiempo que quisiéramos.
En ese momento estaban Nicola, Sara y Lara, los dos primeros visitantes con
ganas de ser habitantes y Lara habitante y una de las fundadoras del
ecovillagio, de inmediato notamos el ambiente tan agradable del lugar.
Lamentablemente, Sara y Nicola se iban ese mismo día. Al día siguiente conocimos
a Roberto, otro de los fundadores.
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| Nuestra carpa en el ecovillagio |
Durante
los siguientes tres días estuvimos ayudando en las labores del ecovillagio (sembrar,
cosechar, arreglar puertas, ir de compras…) y aprendiendo muchísimo, en
especial de la comida italiana, aprendimos a hacer pan al estilo florentino, lo
más interesante es que lo hicimos con una levadura que se venía rotando desde
hace más o menos 100 años; también aprendimos a hacer mermeleda y pizza para la
pizza-film (Roberto y Lara nos compartieron una película buenísima que también
les recomendamos: Basilicata cost to cost). También intercambiamos
recetas, tienen un libro lleno de recetas que los visitantes hemos ido
llenando, así que es bastante internacional. Nosotras les preparamos un típico
changua bogotano, lo cual fue toda una sorpresa para ellxs por ser pleno verano
y algunas recetas con plátanos. Colombia ya dejo su huella en el recetario J
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| Il pane |
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| La mermelata |
Pasar tiempo
con ellxs es muy agradable, muy buenas conversaciones, muchas risas e historias
interesantes, de sus viajes, de Italia y de la gran experiencia que han tenido haciendo realidad
su sueño de vivir de manera diferente a través del ecovillagio. Fue tanta la
afinidad, que siguiendo la tradición que habíamos descubierto en las carreteras
de Italia, donde encontrábamos avisos indicando que un pueblo estaba gemelado
con otro pueblo, aveces en la misma Italia o incluso en países lejanos como
Japón, Cuba o Argentina, decidimos crear un gemelado entre el Ecovillagio
Habitat y el Proyecto Cosmomímesis en Colombia (Fundación Cosmomímesis), lo cual significa que
debe existir una conexión, un puente, solidaridad, visitas y ojalá, un continuo intercambios de
deliciosa comida entre los pueblos gemelos.
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| Baño seco |
Como
siempre, no nos queríamos ir tan pronto, pero con tantas cosas por ver y con
tantos kilómetros por pedalear teníamos que dejar el agradable gemelado y
seguir nuestro camino hacía San Gimignano.
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| Cena de despedida |
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